La misión
de Ernesto Manuel Blanco Caldas en Bagdad era la guerra
de Irak. Pero la misión de su vida, según los que mejor
le conocieron, era promover la fe y el cristianismo.
Sus familiares y amigos recuerdan de él su bondad. Pero,
sobre todo, su arraigada vocación religiosa. “Su intención
era ser capellán del Ejército. Ese iba a ser su próximo
paso”, indica Gloria Caldas, madre del fallecido soldado.
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| Esta es la última foto de
Ernesto en la Navidad del 2003. El murió el 28 de
diciembre, tres días después. (Album familiar) Arriba, Gloria
Caldas, madre de Ernesto Blanco, junto a su nieto
Trystan, colocan flores en la tumba de su hijo.
(AP) |
Blanco Caldas se marchó a la guerra de Irak el 3 de
septiembre de 2003. Su madre y su novia desde sus años
de estudiante, Michelle Sorrel, estuvieron con él los
días previos a su movilización y le fueron a despedir
aquel día.
"Nunca más lo volví a ver", lamenta
doña Gloria.
Ernesto nació en Hartford, Connecticut,
de padres puertorriqueños, el 10 de agosto de 1975.
Desde los 14 meses hasta su adolescencia vivió en Puerto
Rico.
En la Isla comenzó sus estudios
de kindergarten en la escuelita pública del barrio Tallaboa
de Peñuelas. Pero, la familia se mudó después a Santurce.
Ernesto cursó entonces estudios en la escuela episcopal
St. John, y las públicas Julián Blanco y Superior Central.
En esos años nació su pasión
por las artes. El maestro Federico Cordero le tomó de
la mano -fue su entusiasta "conejillo de indias", recuerda
su madre- para poner en marcha su concepto de enseñanza
de guitarra clásica.
"Desde los nueve años hasta que
nos fuimos a San Antonio, estudió con Federico Cordero",
relata doña Gloria.
Aunque su pasión era la guitarra,
la cual practicaba diariamente por varias horas, también
aprendió a querer la música "country western".
"Quiso integrarse plenamente
a la cultura tejana. Nunca se olvidó de su patria, pero
adoptó a Texas como su nuevo hogar", afirma su madre.
Participó de bandas de jazz,
en la Escuela Secundaria Winston Churchill de San Antonio,
y en un grupo de rock que formaron oficiales del Ejército
estadounidense.
La vinculación con las Fuerzas
Armadas comenzó en sus años universitarios. Ernesto
consideró ser veterinario e hizo sus estudios universitarios
en "ciencias de animales". Mientras estudiaba formaba
parte del ROTC.
Al graduarse de la Universidad
A&M de Texas -a la única que solicitó ingreso y a la
que desde que llegó a San Antonio quiso asistir- se
hizo parte de la Reserva del Ejército. Poco después,
decidió entrar en el servicio activo.
"No hay duda de que le gustaba
la vida militar", indica su progenitora.
Su primera movilización fue a
Afganistán, en el 2002. Regresó de ese país de Asia
central, en el que Estados Unidos comenzó su guerra
en contra del terrorismo, en febrero del 2003.
"Ese año la Navidad fue en febrero.
Le reservamos el arbolito y se le recibió con pasteles
y lechón", recuerda doña Gloria.
En septiembre del 2003, Ernesto
tuvo su próxima movilización. Y su madre, y su novia,
Michelle, fueron a ayudarle a preparar su salida. Aquella
mañana del 3 de septiembre de 2003, Gloria Caldas los
vio pasar uno a uno, todos jovencitos, con sus uniformes
perfectamente planchados. Nunca se imaginó que era la
despedida.
A los 28 años, Ernesto tenía
todo bien planificado. Se iba de Irak en septiembre,
pero retornaría en la primavera, a tiempo para preparar
su boda con "el amor de su vida", Michelle.
Hasta la fecha del enlace estaba
seleccionado previamente: 12 de junio de 2004. Pero
el matrimonio nunca se consumó. Un artefacto explosivo,
colocado en una carretera de Qarat Ash Shababi, en Irak,
sacudió el 28 de diciembre de 2003 el vehículo militar
en que viajaba Ernesto, quien murió como consecuencia
de las lesiones recibidas.
Michelle se considera su viuda.
En diciembre pasado se cambió su apellido y ahora es,
oficialmente, Michelle Blanco.
"Ernie era apasionado en torno
a la vida, porque había encontrado su vida en Cristo",
indica Michelle.
Ahora la vida de Ernesto Manuel
Blanco Caldas está inmortalizada en páginas de internet
diseñadas por amigos decididos a preservar su recuerdo.
En una de esas páginas (www.facesofvalor.com)
su hermana, Carmen Blanco Pendergraff, ofrece un testimonio
de lo difícil que le ha resultado la muerte de Ernie,
como le decían sus allegados: "Para mí lo era todo.
Pienso que nunca supo lo mucho que lo necesitaba y cuán
vacía mi vida hubiese sido sin él. Fue mi hermano, mi
sangre y es y será siempre mi héroe". |