El hecho
de que nació y se crió en los Estados Unidos no hizo
mella en el amor que sentía por la Isla; Jocelyn Luis
Carrasquillo era boricua de pura cepa.
Se comunicaba en inglés con un fuerte acento sureño,
pero bailaba salsa como un trompo, adoraba comer arroz
con habichuelas y pasteles y tal era su necesidad de
conocer el lugar del cual habían emigrado sus padres,
que meses antes de partir para Irak, viajó a Puerto
Rico.
 |
| Esta es la última foto de
Isabel Carrasquillo con su hijo Jocelyn, detrás
del corazón púrpura, medalla otorgada al soldado.
Arriba, Isabel Carrasquillo mira un álbum con los
recuerdos de su hijo Jocelyn. (AP /Stan Gilliland) |
La Isla, que había visitado de bebé, le fascinó, particularmente
las playas de Isabela. Por eso dejó un par de zapatos
en casa de una tía, para "asegurar" su regreso al país
una vez terminara su misión en Irak.
Los zapatos aún esperan por su
regreso.
Joce, como le decían, vino al
mundo el 31 de marzo de 1975 acompañado de su gemelo,
Ronald, en la Base Peace de la Fuerza Aérea de Portsmouth
en New Hampshire a la cual estaba asignado su padre,
Luis Carrasquillo, un militar con 23 años de servicio
en la Fuerza Aérea y en dos guerras.
Ya en la familia había dos hermanos
mayores, Luis Antonio y Kenneth Louis. Físicamente los
mellizos -que estuvieron vistiéndose igual hasta la
escuela intermedia-, eran como el reflejo de uno frente
a un espejo. En carácter era otro cantar. Joce era bromista,
un eterno optimista y una persona extremadamente sociable
y amigable.
"Era sumamente sociable, las
mujeres lo adoraban… yo soy tímido y retraído", admite
Ronnie, alguacil (deputy sheriff) en la ciudad de Goldsboro
(Carolina del Norte), donde los hermanos se criaron
desde los cinco años cuando sus padres se separaron.
"Mis hijos son todos muy unidos
y los gemelos lo eran aún más", indica su progenitora,
Isabel Carrasquillo. "Me daba mucho gusto mirarlos,
en especial a Jocelyn porque siempre estaba riéndose",
agrega doña Isabel quien, a pesar del grato recuerdo,
solloza incontrolablemente.
La alegría de vida que emanaba
de Jocelyn es el rasgo que más recuerdan sus allegados.
"Era una persona fuera de serie. Era muy perceptivo
y tenía una forma muy particular de decir las cosas
que siempre te hacía sentir bien, aun en la peor de
las situaciones", dice su amigo Chad Clark, quien compartía
un apartamento con Jocelyn en Wrightsville Beach. "Nunca
lo oí quejarse, nunca lo escuché hablar mal de alguien…
vivía la vida con tanto fervor que fracasar no era una
opción".
Jocelyn y su hermano estudiaron
en la escuela superior Southern Wayne. Allí Joce comenzó
a interesarse formalmente en la milicia y se hizo miembro
del ROTC de la Fuerza Aérea.
Su inclinación por una carrera
militar fue algo que no se habló entre los hermanos
porque el ambiente militar es algo cotidiano cuando
se tiene un padre en la milicia, dice Ronnie. De hecho,
él se enlistó en la reserva del Ejército después de
los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001
en suelo estadounidense.
Ese mismo mes Jocelyn, que era
reservista del Ejército, se trasladó a la Guardia Nacional
de Carolina del Norte. Trabajaba de cajero en Sam's
Club y estudiaba para ser terapista de masajes. Hacía
trabajo voluntario en un hogar de ancianos, iba a la
iglesia pentecostal, donde cantaba en el coro, disfrutaba
de ir a la playa y soñaba con el día que pudiera comprar
un BMW 328 color verde. Le encantaba ir a bailar a los
clubes y no tenía problema en ser el centro de atención
en la pista de baile con sus 5'9" de estatura.
Si bien fue Jocelyn el primero
en ingresar en las Fuerzas Armadas, fue Ronnie el primero
en ser enviado a Irak. Llevaba 11 meses en la antigua
Mesopotamia cuando un grupo de cerca de 5,000 soldados
salió del Fuerte Bragg en Carolina del Norte a Irak
el 23 de febrero de 2004. Entre ellos iba su hermano.
Pensaban encontrarse cuando sus
convoy se cruzaran en algún punto de Bagdad. El encuentro
no se dio.
A la semana de llegar a Irak,
Jocelyn, especialista de abastecimiento del Primer Batallón
del 120 de Infantería de la Guardia Nacional, fue asignado
inesperadamente a la función de artillero.
"La última vez que hablé con
él no era el mismo, estaba consternado por el cambio",
recuerda Chad.
Jocelyn cargaba una ametralladora
M-60, cuando una bomba improvisada explotó cerca del
vehículo en que transitaba por la ruta principal de
suministros al oeste de Bagdad. Fue el único soldado
que murió en el ataque. Apenas llevaba tres semanas
en Irak. "Ni siquiera le dio tiempo de escribirme",
lamenta doña Isabel. Su padre está convencido que el
joven fue víctima de una injusticia por las autoridades
militares cuando le cambiaron sus tareas y ha jurado
hacer todas las gestiones necesarias para esclarecer
el asunto.
"Yo le dije que (Irak) era seguro
y aunque sé que no es mi culpa, me siento mal por haberle
dicho eso", se recrimina Ronnie cuya unidad de transporte
en once meses no había enfrentado fuego enemigo. "Me
siento como si me hubieran arrancado un pedazo del corazón…
extraño su sonrisa".
Las muchas vidas que tocó dijeron
presente en el servicio fúnebre que se celebró en la
iglesia First Pentecostal Holiness; más de 900 almas
acudieron a expresar el afecto que le tenían.
"Jocelyn se hacía querer por
todo el mundo y yo todavía siento su presencia", afirma
doña Isabel que no para de llorar. "Todos me dicen que
mientras más lo lloro, menos lo dejo descansar, pero
no puedo evitarlo. Todos los días le hablo y le digo
'te quiero, hijo'". |