Como
acostumbraba hacer con frecuencia, el día de su muerte
Melvin Yamil Mora López habló con sus compañeros en
el Ejército de Estados Unidos sobre sus planes para
el futuro.
A sus 27 años, el joven arecibeño estaba a punto de
terminar la tesis para graduarse del bachillerato en
Astrofísica que cursaba en la Universidad de Columbia
en Missouri. Apasionado con los misterios del universo,
ansiaba continuar el doctorado para cumplir su sueño
de viajar el mundo y trabajar para la prestigiosa revista
National Geographic.
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| Melvin Mora, segundo de
pie desde la izquierda, junto a sus hermanos. (Album
familiar) Arriba, Irma López y su esposo Hermes
Mora, padres del soldado, durante el entierro de
Melvin, en el cementerio municipal de Arecibo. (Gia
Morales - Especial) |
Quienes lo conocieron no dudan que lograría éstas y
todas las metas que se propusiera. Melvin era el segundo
de cuatro hijos varones del matrimonio de Hermes Mora
Mercado, un empleado de mantenimiento del Hospital Cayetano
Coll y Toste en Arecibo, e Irma Esther López Román, ama
de casa. Se crió en una residencia pequeña rodeada de
la brisa del mar que abraza al pintoresco barrio Jarealito
en Arecibo.
Desde muy pequeño, comenzó a
impresionar a los maestros por sus habilidades y por
su disposición para aprender. La primera vez fue en
kinder, cuando su dibujo de una rana quedó tan bonito
que la maestra llamó a su mamá para decirle que el niño
"tenía talento". Y no se equivocó. Años más tarde, Melvin
ganaría algún dinero extra para pagar sus estudios vendiendo
retratos en un centro comercial de Missouri.
Pero dibujar no era su única
pasión. Amaba la lectura, componía canciones y escribía
poemas.
"Melvin era tremendo. Era bueno
en todo, no hay manera de describirlo", dice su padre,
con el rostro compungido al recordar su muerte.
Temprano en su vida e influenciado
por la tradición religiosa de su familia, Melvin empezó
a leer la Biblia y más tarde, mientras la mayoría de
sus vecinos ocupaban el tiempo en otras actividades
más comunes para jóvenes, como jugar baloncesto, él
se convirtió en líder de la Iglesia Pentecostal Movimiento
Internacional, que ubica justo al lado de la casa donde
se crió y todavía habita su familia.
Mientras mantenía un promedio
excelente en la escuela, el joven buscaba todas las
oportunidades posibles para aprender. Su padre recuerda
que un día le pidió que le pagara un curso de inglés
y cuando él le contestó que no podía pagárselo en ese
momento, Melvin pidió ir de oyente.
"Le gustaba mucho estudiar. Lo
de él era hacerse de un futuro", apunta su madre.
Con su sobresaliente promedio
académico, el joven ingresó a la facultad de Ingeniería
del recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto
Rico en el 1994. Dos años más tarde, fue escogido para
participar de un viaje de estudios a Washington. Para
ese entonces, también había conseguido una beca para
estudiar Astronomía en la Universidad de Columbia en
Missouri y utilizó el pasaje que lo llevaría de regreso
a su casa para viajar hasta allá.
No volvió a visitar su hogar,
aunque hablaba con sus familiares con frecuencia.
En la universidad se destacó
de inmediato. "Trabaja duro tanto en tus estudios como
para mantenerte y pagar la escuela", le aconsejó Angela
Speack, profesora de astronomía en la universidad.
Los comentarios de la educadora
están contenidos en un álbum con fotos y mensajes de
pésame que la familia Mora López recibió del Ejército
luego del fallecimiento de Melvin el pasado 6 de junio.
Ese día, un mortero estalló cerca del campamento de
la compañía 245 de Mantenimiento de la Reserva del Ejército
de Estados Unidos, donde él estaba destacado.
Melvin ingresó al servicio militar
el 25 de junio de 1998. Aunque sus familiares no saben
con exactitud qué lo llevó a tomar esa decisión, coinciden
en que necesitaba ayuda económica para costear sus estudios
de doctorado.
"Un reclutador lo aconsejó en
Missouri", afirma su padre, quien dice que en lugar
de recibir tantas muestras de admiración hacia su hijo
"preferiría tenerlo a él".
Uno de los compañeros más cercanos
de Melvin en el Ejército lo describió como un joven
de extraordinaria fortaleza: "Tú no podías sacudir a
ese hombre. En este tosco ambiente jamás lo vi caer
en la enfermedad del pesimismo... Él era de la mejor
clase de soñadores, de los que hablan de sus sueños
y actúan de acuerdo a ellos".
Michael L. Tuttle, otro de sus
compañeros en la milicia, señaló que Melvin "era un
eterno optimista que amaba el Ejército. Vivió al máximo
y rara vez, si alguna, se quejó por algo".
Melvin vivió con optimismo, luchando
por lograr sus ambiciones, entregado a sus sueños. Quienes
le conocieron bien lo describen como un "eterno optimista",
"trabajador" y poseedor de una extraordinaria inteligencia
que le hizo destacarse en cada sitio que pisaba y en
diferentes materias.
Su madre alivia la pena de su
muerte pensando que ahora su hijo forma parte del misterioso
universo que tanto le fascinaba. |