MELVIN YAMIL MORA LÓPEZ
MENSAJE DEL DIRECTOR
MENSAJE DE LA EDITORA
SOLDADOS
por Mayra Montero
Antonio J. Sledd Figueroa
Robert Marcus Rodríguez
Orlando Morales
Andrew J. Avilés
Gil Mercado Román
Richard Orengo
Kelvin Feliciano
Juan M. Serrano
Frances M. Benítez
Joel Pérez
Francisco Martínez Jiménez
José A. Rivera Aponte
Ernesto Blanco Caldas
Jocelyn Carrasquillo
Fernando Méndez Aceves
Melvin Mora
Jacob Mártir
Gary A. Vaillant
Michael A. Martínez
Carlos Camacho Rivera
Henry Irizarry
José A. Rivera Serrano
Pedro Muñoz Yambó
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Francisco G. Martínez
Ramón Mateo
Aleina Ramírez González
Carlos J. Gil
Ramón Reyes Torres
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Miguel Carrasquillo
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Joseph Alomar
Karl Soto Pinedo
Ed Santini De Jesús
Jason Núñez
David Alonso Mejías
Anthony Palermo
Pedro Jesús Colón
María Inés Ortiz
Wilberto Suliveras
Julián Inglés Ríos
Gregory Rivera Santiago
Ricardo Xavier Rodríguez Fernández
Issac Thomas Cortés
Ulises Burgos Cruz
 

MELVIN MORA
6-06-04

Edad: 27 años
Lugar: Al Taji, Irak
Circunstancias: Un mortero explotó en el campamento militar en que se encontraba.
Recordando a Melvin

Se crió en el barrio Jarealito, Arecibo.
Estudió Astrofísica en la Universidad de Columbia
Soñaba con viajar el mundo y trabajar en la revista Nacional Geographic
Pasiones: Dibujar, leer, componer canciones, escribir poemas
Líder de la Iglesia Pentecostal

ETERNO OPTIMISTA DEL
UNIVERSO
por camille roldán soto - end.croldan@elnuevodia.com

Como acostumbraba hacer con frecuencia, el día de su muerte Melvin Yamil Mora López habló con sus compañeros en el Ejército de Estados Unidos sobre sus planes para el futuro.

A sus 27 años, el joven arecibeño estaba a punto de terminar la tesis para graduarse del bachillerato en Astrofísica que cursaba en la Universidad de Columbia en Missouri. Apasionado con los misterios del universo, ansiaba continuar el doctorado para cumplir su sueño de viajar el mundo y trabajar para la prestigiosa revista National Geographic.

Melvin Mora, segundo de pie desde la izquierda, junto a sus hermanos. (Album familiar) Arriba, Irma López y su esposo Hermes Mora, padres del soldado, durante el entierro de Melvin, en el cementerio municipal de Arecibo. (Gia Morales - Especial)

Quienes lo conocieron no dudan que lograría éstas y todas las metas que se propusiera. Melvin era el segundo de cuatro hijos varones del matrimonio de Hermes Mora Mercado, un empleado de mantenimiento del Hospital Cayetano Coll y Toste en Arecibo, e Irma Esther López Román, ama de casa. Se crió en una residencia pequeña rodeada de la brisa del mar que abraza al pintoresco barrio Jarealito en Arecibo.

Desde muy pequeño, comenzó a impresionar a los maestros por sus habilidades y por su disposición para aprender. La primera vez fue en kinder, cuando su dibujo de una rana quedó tan bonito que la maestra llamó a su mamá para decirle que el niño "tenía talento". Y no se equivocó. Años más tarde, Melvin ganaría algún dinero extra para pagar sus estudios vendiendo retratos en un centro comercial de Missouri.

Pero dibujar no era su única pasión. Amaba la lectura, componía canciones y escribía poemas.

"Melvin era tremendo. Era bueno en todo, no hay manera de describirlo", dice su padre, con el rostro compungido al recordar su muerte.

Temprano en su vida e influenciado por la tradición religiosa de su familia, Melvin empezó a leer la Biblia y más tarde, mientras la mayoría de sus vecinos ocupaban el tiempo en otras actividades más comunes para jóvenes, como jugar baloncesto, él se convirtió en líder de la Iglesia Pentecostal Movimiento Internacional, que ubica justo al lado de la casa donde se crió y todavía habita su familia.

Mientras mantenía un promedio excelente en la escuela, el joven buscaba todas las oportunidades posibles para aprender. Su padre recuerda que un día le pidió que le pagara un curso de inglés y cuando él le contestó que no podía pagárselo en ese momento, Melvin pidió ir de oyente.

"Le gustaba mucho estudiar. Lo de él era hacerse de un futuro", apunta su madre.

Con su sobresaliente promedio académico, el joven ingresó a la facultad de Ingeniería del recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico en el 1994. Dos años más tarde, fue escogido para participar de un viaje de estudios a Washington. Para ese entonces, también había conseguido una beca para estudiar Astronomía en la Universidad de Columbia en Missouri y utilizó el pasaje que lo llevaría de regreso a su casa para viajar hasta allá.

No volvió a visitar su hogar, aunque hablaba con sus familiares con frecuencia.

En la universidad se destacó de inmediato. "Trabaja duro tanto en tus estudios como para mantenerte y pagar la escuela", le aconsejó Angela Speack, profesora de astronomía en la universidad.

Los comentarios de la educadora están contenidos en un álbum con fotos y mensajes de pésame que la familia Mora López recibió del Ejército luego del fallecimiento de Melvin el pasado 6 de junio. Ese día, un mortero estalló cerca del campamento de la compañía 245 de Mantenimiento de la Reserva del Ejército de Estados Unidos, donde él estaba destacado.

Melvin ingresó al servicio militar el 25 de junio de 1998. Aunque sus familiares no saben con exactitud qué lo llevó a tomar esa decisión, coinciden en que necesitaba ayuda económica para costear sus estudios de doctorado.

"Un reclutador lo aconsejó en Missouri", afirma su padre, quien dice que en lugar de recibir tantas muestras de admiración hacia su hijo "preferiría tenerlo a él".

Uno de los compañeros más cercanos de Melvin en el Ejército lo describió como un joven de extraordinaria fortaleza: "Tú no podías sacudir a ese hombre. En este tosco ambiente jamás lo vi caer en la enfermedad del pesimismo... Él era de la mejor clase de soñadores, de los que hablan de sus sueños y actúan de acuerdo a ellos".

Michael L. Tuttle, otro de sus compañeros en la milicia, señaló que Melvin "era un eterno optimista que amaba el Ejército. Vivió al máximo y rara vez, si alguna, se quejó por algo".

Melvin vivió con optimismo, luchando por lograr sus ambiciones, entregado a sus sueños. Quienes le conocieron bien lo describen como un "eterno optimista", "trabajador" y poseedor de una extraordinaria inteligencia que le hizo destacarse en cada sitio que pisaba y en diferentes materias.

Su madre alivia la pena de su muerte pensando que ahora su hijo forma parte del misterioso universo que tanto le fascinaba.