Haciendo
honor a su apellido, Jacob Mártir se propuso ser el
más grande de los “Mártires”.
Jacob nació en Caguas, pero creció en Willimantic y
Norwich, en el estado de Connecticut. Era uno de una
prole de 10, en un hogar en el que padre estaba ausente.
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| José Mártir, padre de Jacob,
muestra una foto de su hijo -al frente- junto a
sus hermanos Olga Lydia, Ismael Antonio y Elizabeth.
(Luis Ramos) Arriba, Lidia Gutiérrez, al centro,
y rodeada de familiares, posa su mano sobre el féretro
de su hijo. (Norwich Bulletin / Tali Greener) |
Su madre, Olga Lidia Gutiérrez, laboraba en una fábrica
donde ganaba $22,000 al año. Nunca había dinero suficiente
para las necesidades de los 10 niños, lo que obligó a
Jacob a conocer la ética de trabajo a temprana edad. A
los 13 años, repartía periódicos, paleaba nieve, cortaba
grama y el dinero que ganaba se lo entregaba a su madre,,
según reportes publicados en EE.UU.
Su juntilla con amistades de
dudosa reputación le trajo problemas en la adolescencia,
así que acompañado por la pobreza y después de vivir
las vicisitudes de una familia dividida, a los 17 años
el joven ingresó al Ejército tan pronto terminó su escuela
secundaria buscando, como muchos, superarse.
Pero también, ser soldado era
algo con lo que Jacob siempre había soñado desde pequeño.
Su padre, José Mártir, era veterano de la guerra de
Vietnam. Su abuelo, veterano de Corea.
José Mártir dejó de verlo cuando
era un bebé, a consecuencia de su divorcio de la madre
de Jacob.
"Pero me llamó cuando se iba
a ir a Irak y me dijo que siempre había querido ser
soldado como yo. En aquel entonces estaba en Fort Hood
(Texas)", recuerda el apenado padre. Jacob volvió a
telefonear a su padre desde el Golfo Pérsico.
"Me indicó que iba a venir a
verme. No lo veía en más de 10 años y me emocionó la
posibilidad de volver a estar con él", indica el padre
de Jacob. "Sé que murió ayudando a salvarles la vida
a otros. Siempre estuve muy orgulloso de él", agrega
José Mártir, vecino de Humacao.
Don Primavera, un amigo de la
familia, describe a Jacob como "un muchacho feliz",
a quien le encantaba gastar bromas y pasarla bien. "Le
daba mucho orgullo servirle a este país", dice Primavera,
en una reseña del periódico Hartford Courant.
"Siempre quiso ir a combate",
comenta, por su parte, su prima Nancy Ramos.
"Desde muchacho quería hacer
algo positivo con su vida. Siempre me decía: 'Titi voy
a ser el mejor de todos los Mártires' ", recuerda su
tía Noemí Mártir, quien ocasionalmente tenía acceso
a sus sobrinos.
Aunque amaba la milicia, Irak
resultó ser más fuerte de lo que había anticipado. En
una carta enviada a su madre en mayo del 2004, el soldado
confiesa lo dura que se había convertido la guerra en
Irak y le admite que presentía que existía la posibilidad
de que no retornara a casa.
"Mami, ¿cómo están tú y las muchachas?
Espero que estén bien y que pueda verlas pronto. Lamento
no haber podido llamar o escribirles en un tiempo. Hemos
estado aquí ocupados con cosas muy complicadas. No creerías
las cosas que he visto con mis propios ojos. ¿Sabes
las cosas que ves en televisión sobre lo que sucede
en Irak? Desde que estoy aquí he visto eso y cosas peores",
indica Jacob en la carta.
También dejaba entrever lo consternado
que estaba por lo efímera que es la vida. "Es difícil
para mí entender que puedo estar un día sentado conversando
con un amigo y un par de horas después, ese mismo amigo
puede morir como consecuencia de un disparo, el lanzamiento
de un cohete-granada o un explosivo improvisado. Desde
que llegue aquí he perdido a seis amigos, lo que demuestra
que existe la posibilidad de que no sobreviva, pero
haré todo lo que pueda para que eso no ocurra", añade
en la misiva, divulgada en un artículo del Daily News
de Canadá, titulado "Un Mártir para esta guerra".
Mártir estuvo adscrito a las
tropas Alfa de la Primera División de Caballería, con
base en Fort Hood, en Texas. La muerte le alcanzó el
18 de agosto de 2004, en momentos en que realizaba un
patrullaje por una carretera de Sadr City. Fue víctima
de varios disparos. Murió a los 21 años. Como homenaje
póstumo le fue conferida la Medalla de Corazón Púrpura.
Su tía resume lo que fue su vida:
"Era un muchacho contento. Le encantaba la música y
el arte. Desde pequeño fue siempre él mismo. Sobre todo,
siempre le gustaba decir la verdad, en las buenas y
en las malas". |