Esposo,
hijo, hermano, soldado y pastor. Gary Alexander Vaillant
Santiago fue todas estas cosas, pero además fue hombre
de espíritu inquieto y un errante de vocación.
Atracó en este mundo en la ciudad de Nueva York, donde
su madre, Blanca Rosa, y su padre, José Antonio, procrearon
cuatro hijos antes de partir por rumbos separados. Allí
pasó los primeros 12 años de su vida. Aprendió inglés,
lengua materna que siempre tiñó su hablar con un acento
niuyorican.
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| Gary Vaillant sirvió de
chata a Wilfredo Gómez y a Juan “Veloz”. Arriba,
una foto familiar presenta a Vaillant cuando vivió
en Nueva York. (Album familiar) |
A temprana edad -quizá desde la ventana de su cuarto
en el viejo edificio de la calle Amboy en Brooklyn, ese
mismo proyecto de vivienda pública donde también vivió
el polémico boxeador Mike Tyson- empezó a tejer sueños.
Soñó con viajar el mundo, recorrer nuevos horizontes.
Aprendió, además, a combatir
la injusticia. Su hermano Efraín Vaillant recuerda cómo
en una ocasión un muchacho mordió la oreja de su hermano
mayor y Gary, aunque más pequeño y débil, salió en defensa
de Tony, su cómplice de travesuras.
En ese duro oficio de vivir descubrió
una de sus grandes pasiones: el dibujo. Ilusión que
le permitió escapar la opaca cotidianidad de su vida
coloreando y recreando imágenes en sus libros y libretas.
Y precisamente ese estado de permanente inquietud y
movimiento que siempre le gobernó le ganó el apodo de
"lagartijo", relata su hermano.
Su condición de nómada también
quedó sellada en Nueva York, donde su familia ancló
en diferentes puntos del estado, mientras su madre buscaba
un hogar seguro para su prole.
Así llegaron a Puerto Rico en
1974, año en que la Isla atravesaba por una crisis económica
matizada por el embargo petrolero de la OPEC. La familia
de seis -su mamá tuvo otros dos hijos en otra relación-
se estableció Manatí, en casa de la abuela materna.
Poco tiempo después Gary partió al municipio de Carolina,
donde residían sus tíos maternos Daisy Santiago y Juan
Tellado, quienes lo criaron junto a sus dos hijos. Allí,
en la casa donde tuvo un cuarto propio, permaneció hasta
que se graduó de cuarto año de escuela superior.
En la tierra de Julia de Burgos,
el inquieto joven de mirada penetrante se destacó en
la escuela por su compromiso académico y su aptitud
para el deporte, afirma su tío Juan. "El compitió contra
miles de estudiantes para ganarse el premio Roberto
Clemente", subraya con orgullo Tellado.
En el ámbito laboral, la destreza
innata de Gary para el dibujo y la caligrafía lo convirtieron
en un artista gráfico, que preparó logos y promociones
para algunas tiendas y supermercados de su vecindario.
Su arte todavía permanece vivo en muchos pergaminos
y diplomas del Club de Leones del Pueblo Gigante, comenta
su tía Daisy. Siguió a la Universidad de Puerto Rico
para estudiar arte, pero abandonó esta faena porque
sentía que la academia no le ofrecía un reto nuevo,
apuntó Tellado. Así probó el boxeo y se convirtió en
chata de Wilfredo Gómez y Juan "Veloz". En este ajetreo
conoció a Dios, relación que profundizó a lo largo de
su vida.
En lo que encauzaba su vida,
comenzó a trabajar en una tienda deportiva, cerca de
la residencia de su madre, que ahora residía en Altos
del Cabro en Santurce. También se enlistó en la Guardia
Nacional.
Participó en la Guerra del Golfo
Pérsico en 1991, intervención militar que entendía meritoria,
según relata su hermana Luz Laboy en una entrevista
pocos días después del fallecimiento de Gary.
Regresó a la Isla donde nació
Sarah, producto de su primer matrimonio. Luego ingresó
al Ejército activo, acción que renovó su pacto con su
vocación de errante y de viajero en eterno movimiento.
Recorrió así los límites y las fronteras del continente
viejo, donde encontró un nuevo amor.
Se divorció de su primera esposa
y obtuvo la custodia de su única hija. Se instaló junto
a su nueva familia en una base militar en el estado
de Kentucky, donde vivió momentos de felicidad. Encontró
además tiempo para ahondar en su religión, testimoniar
sobre su fe y convertirse en ministro pentecostal.
Marchó a Corea del Sur para cumplir
con los deberes de su profesión militar y luego pasó
a formar parte del ejército de ocupación en Irak. Sólo
llevaba unas semanas en la antigua Mesopotamia cuando
encontró la muerte. El tanque que operaba pisó un explosivo
casero, mientras el vehículo transitaba por la ciudad
Khalidiya, a 18 kilómetros de Badgad.
El sargento mayor Gary Alexander
Vaillant murió el 5 de septiembre de 2004, pero unas
horas antes de soltar su último suspiro de vida, en
una tierra desconocida y en una guerra que consideraba
innecesaria de acuerdo con su hermana, conversó con
su esposa Micaela sin suponer que esta conversación
constituía una despedida antes de iniciar un nuevo peregrinar
hacia la eternidad. |