Unas
flores que todos los meses deposita en el mar y una
caja de madera con las cenizas de su hijo -en realidad
el sobrino que adoptó cuando tenía seis meses de nacido-
son el consuelo de una mujer juanadina a quien la guerra
en Irak le arrebató su tesoro: el soldado Michael A.
Martínez Santiago.
Este fue el decimonoveno soldado puertorriqueño que
murió en la guerra en ese lejano país. Ocurrió el pasado
8 de septiembre cuando el camión que lo transportaba
a la zona de combate se viró y le cayeron encima varios
sacos con arena, según la versión ofrecida a Luz María
Martínez Rivera, madre adoptiva del joven.
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| Michael Martínez junto a
su esposa Sara Rivera. Arriba, el soldado juanadino
en el momento en que recibe una condecoración militar
por sus servicios. (Album familiar) |
Martínez Santiago, de 29 años, estaba asignado al Primer
Batallón de la Sexta Artillería de Campo destacada a Irak.
Llevaba poco más de tres años en el servicio militar.
Aspiraba conseguir las máximas condecoraciones dentro
de la milicia. Sin embargo, las condecoraciones que recibió
fueron las que le otorgan a los soldados caídos: una medalla
por el servicio de excelencia a la Nación y otra por su
buena conducta.
Pisar lo que fue su hogar es
sentir la presencia del único hijo varón que correteó
por ese lugar. Un crespón negro y una pequeña bandera
de Puerto Rico y otra de Estados Unidos, sujetas a la
puerta de tela metálica de la entrada principal de la
casa, reciben al visitante de esta humilde vivienda
en el sector Pastillito de Juana Díaz.
Tres fotos de Martínez Santiago
adornan la pared principal de la sala del que fue su
hogar. Allí también se conservan dos botellas de ron
que dejó la última vez que pisó esa residencia -en febrero
de 2004- y que dispuso con la intención de repartirlo
a los amigos que lo visitaran.
Escondido en una de las habitaciones
de esta humilde residencia, y en la que doña Luz María
duerme desde la muerte de su hijo, están los recuerdos
que ella más atesora: la caja de madera en que cree
pudieron haber echado por error las cenizas de su hijo,
una bandera de Estados Unidos dentro de una caja de
madera que le entregó el Ejército, las medallas que
éste recibió póstumamente, decenas de cartas y fotografías,
la gorra y hasta la sudadera que su hijo usó en el entrenamiento
militar.
En este hogar, tal parece que
el reloj de la vida se detuvo minutos antes de la muerte
de este joven. Los detalles que revelan esa pérdida
están presentes.
Martínez Santiago fue cremado
y sus cenizas esparcidas por la playa juanadina, donde
invirtió horas practicando el surfing. Así lo había
solicitado él, dice doña Luz María, quien viste de negro
y blanco en señal de luto y hace ejercicios con la gorra
y sudadera que su hijo utilizó en su entrenamiento militar.
"No es fácil olvidar", comenta.
A otros que tampoco le resulta
fácil olvidarse de Martínez Santiago son sus amigos
Eduardo "Waldy" Cuevas y Miguel González, quienes con
sólo mencionarle el nombre de Michael reaccionan, por
separado, con un "ése era mi hermano".
"Siempre fue alegre. Ese hombre
nunca mostró cara de coraje y tristeza. Era buen amigo",
dice Cuevas, quien lo conoció hace varios años corriendo
patineta en la plaza pública de Juana Díaz.
Este cuenta que su amistad lo
llevó a visitarlo en los Estados Unidos donde compartieron
durante 10 días, con la mala suerte de que al día siguiente
de llegar a Orlando, Cuevas se fracturó una pierna y
tuvieron que cambiar los planes de correr patineta a
visitar parques temáticos. "Eramos un poquito más que
amigos, hermanos", expresa.
Martínez Santiago "se veía muy
entusiasmado" con su rol en el Ejército, asegura Cuevas.
"A él siempre le gustaron los deportes extremos y comparaba
ese trabajo con sus hobbies (pasatiempos)".
Doña Luz María no se cansa de
leer las cartas que su hijo le envió desde Irak, especialmente
una que recibió en mayo pasado y que tiene escrito en
puño y letra el siguiente mensaje: "Madre, la persona
que siempre está ahí cuando la necesito. La que siempre
me recibe con un barril de amor cuando regreso a casa.
La que nunca me abandona. La que me acogió en sus brazos
para criarme y asegurarse que jamás me faltara nada".
"Feliz Día de las Madres", escribe
en otra de las misivas. "Lamento mucho que la hayas
pasado con mi ausencia. Parece ser que finalizando julio
o a principios de agosto (2004) estemos en casa. Ya
esto aquí me tiene 'cansao'. Ya me subieron de rango,
ése fue mi regalo en junio y en seis meses cualifico
para sargento", agrega.
La muerte lo sorprendió en la
espera de esos seis meses.
Algo que caracterizaba a Martínez
Santiago era su jocosidad que hasta en las cartas expresaba.
"Estoy más musculoso que Hulk", asegura en una de las
misivas, cuyo papel tiene el muñeco Garfield.
"No tengo pipa, ¡cómo me hacen
falta las (cervezas) Heineken!, dile a Antón que me
guarde una", añade en el escrito que termina con un
dibujo de una bala, la bandera de Puerto Rico, la identificación
de su unidad y la frase "Artillero hasta el fin".
Luz María, de 60 años de edad,
cuenta que el joven era hijo de uno de sus hermanos,
quien tenía 13 años cuando lo engendró. Al nacer, su
mamá lo dejó cuidando en casa de la abuela -madre de
Luz María- y no regresó, y que a su padre no le interesó.
"Me hice de cuenta que era mío. Como no tenía ni mamá
ni papá", comenta.
A los seis meses la abuela enfermó
y le pidió a Luz María hacerse cargo del niño. Eso ocurrió
en Nueva York. Como el pequeño era hiperactivo, Luz
María decidió traerlo a Puerto Rico. A los 15 años abandonó
la escuela y se fue a trabajar recogiendo vegetales.
Completó el cuarto año en la escuela nocturna. Estudió
un curso de electricista. Trabajó en un restaurante
de comida rápida y tiendas por departamento.
Martínez Santiago, quien soñó
en convertirse en maestro de deportes, se casó y se
fue a los Estados Unidos. No tuvo hijos. Allá decidió
ingresar al Ejército.
"Lo mandaron a la muerte", opina
la mujer. "Me lo vino a decir cuando tenía todos los
papeles. El sabía que yo le iba a decir que no".
En la casa de doña Luz María
no es el único sitio donde se honra la memoria de Michael.
La pista de patinetas del complejo deportivo Andrés
Cruz se bautizará con el nombre de este militar, primer
juanadino caído en Irak. El municipio también hace gestiones
para que se designe al Fuerte Allen, en Juana Díaz,
con el nombre del soldado Michael A. Martínez Santiago.
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