MICHAEL A. MARTINEZ SANTIAGO
MENSAJE DEL DIRECTOR
MENSAJE DE LA EDITORA
SOLDADOS
por Mayra Montero
Antonio J. Sledd Figueroa
Robert Marcus Rodríguez
Orlando Morales
Andrew J. Avilés
Gil Mercado Román
Richard Orengo
Kelvin Feliciano
Juan M. Serrano
Frances M. Benítez
Joel Pérez
Francisco Martínez Jiménez
José A. Rivera Aponte
Ernesto Blanco Caldas
Jocelyn Carrasquillo
Fernando Méndez Aceves
Melvin Mora
Jacob Mártir
Gary A. Vaillant
Michael A. Martínez
Carlos Camacho Rivera
Henry Irizarry
José A. Rivera Serrano
Pedro Muñoz Yambó
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Julio Negrón
Francisco G. Martínez
Ramón Mateo
Aleina Ramírez González
Carlos J. Gil
Ramón Reyes Torres
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Emmanuel Hernández Cales
Manuel Hornedo
Miguel Carrasquillo
Carlos Díaz
Ramón Acevedo Aponte
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Milton Rivera Vargas
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Radamés Camilo Matos
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Luis Manuel Meléndez Sánchez
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Yull Estrada Rodríguez
Jesús M. Montalvo
Joseph Alomar
Karl Soto Pinedo
Ed Santini De Jesús
Jason Núñez
David Alonso Mejías
Anthony Palermo
Pedro Jesús Colón
María Inés Ortiz
Wilberto Suliveras
Julián Inglés Ríos
Gregory Rivera Santiago
Ricardo Xavier Rodríguez Fernández
Issac Thomas Cortés
Ulises Burgos Cruz
 

MICHAEL A. MARTINEZ
8-09-04

Edad: 29 años
Lugar: Baquba
Circunstancias: El camión que lo transportaba a la zona de combate se viró y le cayeron encima varios sacos con arena.
Recordando a Michael

Se crió en el sector Pastillito de Juana Díaz.
Estudió un curso de electricista
Soñaba con convertirse en maestro de deportes.
Pasiones: surfing y otros deportes extremos

'LO MANDARON A LA
MUERTE'
por sandra caquías cruz - end.scaquias@elnuevodia.com

Unas flores que todos los meses deposita en el mar y una caja de madera con las cenizas de su hijo -en realidad el sobrino que adoptó cuando tenía seis meses de nacido- son el consuelo de una mujer juanadina a quien la guerra en Irak le arrebató su tesoro: el soldado Michael A. Martínez Santiago.

Este fue el decimonoveno soldado puertorriqueño que murió en la guerra en ese lejano país. Ocurrió el pasado 8 de septiembre cuando el camión que lo transportaba a la zona de combate se viró y le cayeron encima varios sacos con arena, según la versión ofrecida a Luz María Martínez Rivera, madre adoptiva del joven.

Michael Martínez junto a su esposa Sara Rivera. Arriba, el soldado juanadino en el momento en que recibe una condecoración militar por sus servicios. (Album familiar)

Martínez Santiago, de 29 años, estaba asignado al Primer Batallón de la Sexta Artillería de Campo destacada a Irak. Llevaba poco más de tres años en el servicio militar. Aspiraba conseguir las máximas condecoraciones dentro de la milicia. Sin embargo, las condecoraciones que recibió fueron las que le otorgan a los soldados caídos: una medalla por el servicio de excelencia a la Nación y otra por su buena conducta.

Pisar lo que fue su hogar es sentir la presencia del único hijo varón que correteó por ese lugar. Un crespón negro y una pequeña bandera de Puerto Rico y otra de Estados Unidos, sujetas a la puerta de tela metálica de la entrada principal de la casa, reciben al visitante de esta humilde vivienda en el sector Pastillito de Juana Díaz.

Tres fotos de Martínez Santiago adornan la pared principal de la sala del que fue su hogar. Allí también se conservan dos botellas de ron que dejó la última vez que pisó esa residencia -en febrero de 2004- y que dispuso con la intención de repartirlo a los amigos que lo visitaran.

Escondido en una de las habitaciones de esta humilde residencia, y en la que doña Luz María duerme desde la muerte de su hijo, están los recuerdos que ella más atesora: la caja de madera en que cree pudieron haber echado por error las cenizas de su hijo, una bandera de Estados Unidos dentro de una caja de madera que le entregó el Ejército, las medallas que éste recibió póstumamente, decenas de cartas y fotografías, la gorra y hasta la sudadera que su hijo usó en el entrenamiento militar.

En este hogar, tal parece que el reloj de la vida se detuvo minutos antes de la muerte de este joven. Los detalles que revelan esa pérdida están presentes.

Martínez Santiago fue cremado y sus cenizas esparcidas por la playa juanadina, donde invirtió horas practicando el surfing. Así lo había solicitado él, dice doña Luz María, quien viste de negro y blanco en señal de luto y hace ejercicios con la gorra y sudadera que su hijo utilizó en su entrenamiento militar.

"No es fácil olvidar", comenta.

A otros que tampoco le resulta fácil olvidarse de Martínez Santiago son sus amigos Eduardo "Waldy" Cuevas y Miguel González, quienes con sólo mencionarle el nombre de Michael reaccionan, por separado, con un "ése era mi hermano".

"Siempre fue alegre. Ese hombre nunca mostró cara de coraje y tristeza. Era buen amigo", dice Cuevas, quien lo conoció hace varios años corriendo patineta en la plaza pública de Juana Díaz.

Este cuenta que su amistad lo llevó a visitarlo en los Estados Unidos donde compartieron durante 10 días, con la mala suerte de que al día siguiente de llegar a Orlando, Cuevas se fracturó una pierna y tuvieron que cambiar los planes de correr patineta a visitar parques temáticos. "Eramos un poquito más que amigos, hermanos", expresa.

Martínez Santiago "se veía muy entusiasmado" con su rol en el Ejército, asegura Cuevas. "A él siempre le gustaron los deportes extremos y comparaba ese trabajo con sus hobbies (pasatiempos)".

Doña Luz María no se cansa de leer las cartas que su hijo le envió desde Irak, especialmente una que recibió en mayo pasado y que tiene escrito en puño y letra el siguiente mensaje: "Madre, la persona que siempre está ahí cuando la necesito. La que siempre me recibe con un barril de amor cuando regreso a casa. La que nunca me abandona. La que me acogió en sus brazos para criarme y asegurarse que jamás me faltara nada".

"Feliz Día de las Madres", escribe en otra de las misivas. "Lamento mucho que la hayas pasado con mi ausencia. Parece ser que finalizando julio o a principios de agosto (2004) estemos en casa. Ya esto aquí me tiene 'cansao'. Ya me subieron de rango, ése fue mi regalo en junio y en seis meses cualifico para sargento", agrega.

La muerte lo sorprendió en la espera de esos seis meses.

Algo que caracterizaba a Martínez Santiago era su jocosidad que hasta en las cartas expresaba. "Estoy más musculoso que Hulk", asegura en una de las misivas, cuyo papel tiene el muñeco Garfield.

"No tengo pipa, ¡cómo me hacen falta las (cervezas) Heineken!, dile a Antón que me guarde una", añade en el escrito que termina con un dibujo de una bala, la bandera de Puerto Rico, la identificación de su unidad y la frase "Artillero hasta el fin".

Luz María, de 60 años de edad, cuenta que el joven era hijo de uno de sus hermanos, quien tenía 13 años cuando lo engendró. Al nacer, su mamá lo dejó cuidando en casa de la abuela -madre de Luz María- y no regresó, y que a su padre no le interesó. "Me hice de cuenta que era mío. Como no tenía ni mamá ni papá", comenta.

A los seis meses la abuela enfermó y le pidió a Luz María hacerse cargo del niño. Eso ocurrió en Nueva York. Como el pequeño era hiperactivo, Luz María decidió traerlo a Puerto Rico. A los 15 años abandonó la escuela y se fue a trabajar recogiendo vegetales. Completó el cuarto año en la escuela nocturna. Estudió un curso de electricista. Trabajó en un restaurante de comida rápida y tiendas por departamento.

Martínez Santiago, quien soñó en convertirse en maestro de deportes, se casó y se fue a los Estados Unidos. No tuvo hijos. Allá decidió ingresar al Ejército.

"Lo mandaron a la muerte", opina la mujer. "Me lo vino a decir cuando tenía todos los papeles. El sabía que yo le iba a decir que no".

En la casa de doña Luz María no es el único sitio donde se honra la memoria de Michael. La pista de patinetas del complejo deportivo Andrés Cruz se bautizará con el nombre de este militar, primer juanadino caído en Irak. El municipio también hace gestiones para que se designe al Fuerte Allen, en Juana Díaz, con el nombre del soldado Michael A. Martínez Santiago.