PEDRO A. MUÑOZ YAMBO
MENSAJE DEL DIRECTOR
MENSAJE DE LA EDITORA
SOLDADOS
por Mayra Montero
Antonio J. Sledd Figueroa
Robert Marcus Rodríguez
Orlando Morales
Andrew J. Avilés
Gil Mercado Román
Richard Orengo
Kelvin Feliciano
Juan M. Serrano
Frances M. Benítez
Joel Pérez
Francisco Martínez Jiménez
José A. Rivera Aponte
Ernesto Blanco Caldas
Jocelyn Carrasquillo
Fernando Méndez Aceves
Melvin Mora
Jacob Mártir
Gary A. Vaillant
Michael A. Martínez
Carlos Camacho Rivera
Henry Irizarry
José A. Rivera Serrano
Pedro Muñoz Yambó
Lizbeth Robles
Julio Negrón
Francisco G. Martínez
Ramón Mateo
Aleina Ramírez González
Carlos J. Gil
Ramón Reyes Torres
Isaac Michael Nieves
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Emmanuel Hernández Cales
Manuel Hornedo
Miguel Carrasquillo
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Ramón Acevedo Aponte
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Yull Estrada Rodríguez
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Joseph Alomar
Karl Soto Pinedo
Ed Santini De Jesús
Jason Núñez
David Alonso Mejías
Anthony Palermo
Pedro Jesús Colón
María Inés Ortiz
Wilberto Suliveras
Julián Inglés Ríos
Gregory Rivera Santiago
Ricardo Xavier Rodríguez Fernández
Issac Thomas Cortés
Ulises Burgos Cruz
 

PEDRO A. MUÑOZ YAMBO
2-01-05

Edad:47 años
Lugar: Shindand, Afganistán
Circunstancias: Murió tras ser gravemente herido durante un combate contra insurgentes.
Recordando a Pedro

Natural de Quebradillas.
Amante de los deportes de riesgo.
Ex jugador del equipo de baloncesto superior de los Gallitos de Isabela.
Soñaba con abrir una escuela de paracaidismo.

TENAZ HASTA EL ÚLTIMO
MOMENTO
por wanda ivette matías - especial el nuevo día

De Afganistán a México y desde Puerto Rico hasta Carolina del Norte, fueron innumerables las huellas que dejó en el camino el sargento Primera Clase Pedro Antonio Muñoz Yambó.

Aun después de su muerte ha dejado otras huellas en los corazones de familiares, amigos y hasta en niños mexicanos huérfanos que nunca conoció.

Sobre estas líneas, Pedro con su ahijado e hija. Arriba, Muñoz Yambó durante una demostración de paracaidismo, deporte que practicaba en su tiempo libre. (Album familiar)

La perseverancia y sentido de lucha que distinguieron a este sargento quebradillano quedarán de alguna forma inmortalizados, sin haberlo planificado, en un hogar para niños huérfanos que llevará su nombre en México. Parte de los fondos para el hogar provienen de dinero recaudado de la venta, en subasta, de un brazalete hecho por miembros de las fuerzas especiales en honor a Muñoz Yambó.

En Nueva York se esculpe una estatua en su honor, que estará expuesta en el Museo de las Fuerzas Especiales de Fort Bragg, en Carolina del Norte.

Y es que Muñoz Yambó fue tenaz hasta el último momento, afirma su esposa por 18 años, Gisela Muñoz.

"Pedro Antonio se caía, pero se levantaba, y siempre decía que lo iba a hacer y lo hacía... era bien perseverante", expresa Muñoz en entrevista telefónica desde Carolina del Norte donde reside con la hija de ambos de 17 años, Dalia.

Ese espíritu de lucha lo demostró desde muy joven cuando vivía junto a sus padres y hermanos en el pueblo de Quebradillas. A los 13 años, Pedri -como lo llaman sus familiares- ya demostraba su heroísmo, salvando a un niño que se ahogaba con un pedazo de carne.

Desde muy joven también demostró su entrega por los deportes como las carreras en patines y los torneos de sóftbol que jugó en el municipio y en campeonatos estatales. También perteneció al equipo del baloncesto superior Gallitos de Isabela, en el 1985.

"Él era un muchacho brillante en los deportes y las actividades físicas... un G.I. Joe de carne y hueso", comenta el maestro de educación física José M. Pérez sobre su estudiante en la escuela intermedia. Describe a Muñoz Yambó como un "superatleta" y uno de los pocos estudiantes que podía practicar con éxito cualquier deporte: sóftbol, béisbol, voleibol, natación, ciclismo, atletismo y baloncesto.

"A él siempre le gustaban los deportes de riesgo, y siempre quería ser el número uno en todo como el más que corría patines de bota... y jugando baloncesto quería ser el mejor rebotero", comenta Noel "El Caminante" Velázquez, amigo de Muñoz Yambó desde la infancia.

Para otro de sus amigos quebradillanos, Dael González, "Peter" era una persona bien positiva que alcanzaba lo que se proponía. Incluso habla de una hazaña que hizo su amigo cuando le dio la vuelta a la Isla en patines. Su última aventura fue en las Appalachian Trail, cuando caminó 100 millas de Tennesse a Georgia durante dos semanas.

Muñoz Yambó ingresó al Ejército en el 1986. Para el 1991 fue asignado a las Fuerzas Especiales del Ejército en Fuerte Bragg de Carolina del Norte. Sus misiones en esta unidad especializada lo llevaron hasta países de Centro y Suramérica, donde realizaba una de sus funciones más apreciadas que era entrenar a otras personas.

Pero también pudo combinar su labor en el Ejército con otro deporte, al pertenecer en el 1998 al equipo de paracaidismo Golden Knights. Entre sus saltos más memorables, el que realizó en el Fuerte Buchanan por la llegada del Comando Sur de Panamá. Pero su momento de mayor orgullo fue haber saltado en el New York Yankee Stadium, en la celebración del Army Day, según escribe en un artículo del U.S. News la reportera Linda Robinson, quien conoció a Muñoz Yambó en Colombia.

A raíz de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en suelo estadounidense, Muñoz Yambó decidió salir del equipo de paracaidismo y regresar a las Fuerzas Especiales.

"Papi", como lo conocían sus compañeros soldados no por su edad sino por ser un mentor, fue enviado a Afganistán en el otoño del 2004. El domingo 2 de enero pasado resultó herido de muerte en un tiroteo cuando su patrulla cayó bajo fuego enemigo en una villa cerca del campo aéreo Shindand en la provincia de Herat. Fue el primer soldado americano que murió en Afganistán en el 2005.

El extrovertido Pedri estudió sus grados primarios en la Escuela Ramón E. Betances, el nivel intermedio en la Escuela Pedro Albizu Campos y en la secundaria Juan Alejo Arizmendi. Allí protagonizó varias peleas cuando salía en defensa de otros.

Su hermano Javier ahora recuerda esos tiempos con nostalgia porque siempre que intervenía para defenderlo ambos terminaban peleando, castigados por su padre, y finalmente escondidos debajo de la cama.

En Quebradillas, Josefina Yambó Vargas recuerda a Pedri como un hijo travieso, pero bueno que siempre la quería ayudar. Doña Josefina nunca quiso que su hijo ingresara al Ejército, pero admitió que a él le gustaba. Después de todo, su padre ya fallecido, Antonio Muñoz Ramos también fue soldado.

En una carta enviada a su hermano años atrás, el soldado expresó sentirse orgulloso del Ejército porque le enseñó "a ser un buen hijo, un buen esposo y un buen padre".

Muñoz Yambó murió a los 47 años. Su retiro de las Fuerzas Armadas estaba programado para octubre de este año; sin embargo, sus planes eran continuar en el Ejército como civil. Soñaba con abrir una escuela de paracaidismo para enseñarles a los jóvenes el deporte que tanto disfrutó.

"Para él el Ejército fue lo más grande y no quería salir de allí", explica Gisela quien lo conoció en Quebradillas cuando ella tenía 21 años y él 29. Asegura que su esposo entró al Ejército porque en Puerto Rico no iba a poder "echar para adelante" ante la falta de oportunidades de empleo.

"Pedro Antonio vivió su vida, hizo todo lo que quiso... estos últimos años fue muy feliz", asegura Gisela. "Hasta lo último defendió a sus compañeros y dio la vida por ellos... ese fue Pedro Antonio".