JULIO NEGRON
MENSAJE DEL DIRECTOR
MENSAJE DE LA EDITORA
SOLDADOS
por Mayra Montero
Antonio J. Sledd Figueroa
Robert Marcus Rodríguez
Orlando Morales
Andrew J. Avilés
Gil Mercado Román
Richard Orengo
Kelvin Feliciano
Juan M. Serrano
Frances M. Benítez
Joel Pérez
Francisco Martínez Jiménez
José A. Rivera Aponte
Ernesto Blanco Caldas
Jocelyn Carrasquillo
Fernando Méndez Aceves
Melvin Mora
Jacob Mártir
Gary A. Vaillant
Michael A. Martínez
Carlos Camacho Rivera
Henry Irizarry
José A. Rivera Serrano
Pedro Muñoz Yambó
Lizbeth Robles
Julio Negrón
Francisco G. Martínez
Ramón Mateo
Aleina Ramírez González
Carlos J. Gil
Ramón Reyes Torres
Isaac Michael Nieves
David Ayala
Edwin Matos Colón
Ricardo Antonio Crocker García
Miguel Angel Ramos Vargas
Emmanuel Hernández Cales
Manuel Hornedo
Miguel Carrasquillo
Carlos Díaz
Ramón Acevedo Aponte
Antonio Méndez Sánchez
Alexis Román
Javier Antonio Rivera Villanueva
Milton Rivera Vargas
William López
Isaías Santos Luzcando
Jason López Reyes
Radamés Camilo Matos
Orville Gerena Quiñones
Luis Manuel Meléndez Sánchez
Roberto Hernández
Ángel D. Mercado Velázquez
Yull Estrada Rodríguez
Jesús M. Montalvo
Joseph Alomar
Karl Soto Pinedo
Ed Santini De Jesús
Jason Núñez
David Alonso Mejías
Anthony Palermo
Pedro Jesús Colón
María Inés Ortiz
Wilberto Suliveras
Julián Inglés Ríos
Gregory Rivera Santiago
Ricardo Xavier Rodríguez Fernández
Issac Thomas Cortés
Ulises Burgos Cruz
 

JULIO NEGRON
1-03-05

Edad:28 años
Lugar: Bayji, Irak
Circunstancias: El vehículo en que viajaba chocó y se volcó.
Recordando a Julio

Nació en Mayagüez; se crió en Nueva York, Maryland y Florida.
Amante del reggaetón y la bachata.
Adoraba los animales y dibujar.
Aspiraba ser policía.

GUERRERO
DE AGUA
por wanda negrón cruz - especial el nuevo día

Si algo le encantaba hacer en la vida era jugar sus guerras de agua con sus cinco hermanos. Como era el hijo regalón de la familia Negrón, todo se lo consentían. Así que entre batalla y batalla de chorros de agua, Tito "entripaba" a todo el mundo.

Pero en la guerra de verdad, en Irak, donde los chorros de agua pasaron a ser balas, Tito se convirtió en el soldado Julio Enrique Negrón, un especialista en artillería, que manejaba como nadie la ametralladora. “El estaba predestinado a ser militar. Nació un 4 de julio del 1976, en la celebración del bicentenario de la Independencia de Estados Unidos”, cuenta su hermana Nancy Torres, desde su residencia en Orlando.

En primer plano, Juliana Negrón, quien sostiene una foto de su esposo Julio Negrón. Le acompañan sus cuñadas Nancy Torres y Marilyn Estrada. (AP) Arriba, Julio E. Negrón, especialista en artillería, quien murió tres meses después de volver al campo de batalla. (Album familiar)

Nancy toma entre sus manos una fotografía vieja y arrugada, y la abraza contra su pecho. "Míralo", dice con voz entrecortada. "Aquí está Tito, a los diez años, con su pelo rizado, sin camisa, y con las botas y la gorra del ROTC de mis hermanas. Parecía un soldadito". Julio Enrique fue el sexto hijo de José y Teresa Negrón, naturales de San Germán. Ya habían nacido José, Nancy, Diana, Marilyn y Edward, quien tenía 10 años, cuando Julio Enrique hizo su entrada al mundo en un hospital en Mayagüez. "Fue como un regalo de Dios. Para ese entonces, Mami y Papi tenían muchas peleas, y Tito trajo alegría y paz a la casa", asegura Nancy.

Sobre todo, creció teniendo, además de sus padres, cinco papás y mamás postizas. "Más que hermano, era como un hijo para nosotros".

Julio Enrique creció adorando los animales. Siempre andaba con su perrito chihuahua, además era el que madrugaba y le daba comida al perico, al gato, a los pollitos y a los peces.

También le apasionaba dibujar, y aunque vivió parte de su vida fuera de Puerto Rico, entre Nueva York y Maryland a donde sus padres emigraron, en sus dibujos no faltaban las palmeras boricuas.

Pero aunque le gustaban los animales y pudo ser veterinario, y adoraba dibujar, y pudo ser un arquitecto, Tito prefirió la carrera militar como sus otros hermanos. "En nuestra familia el que no sigue una carrera, se mete al Ejército", explica José, el hermano mayor y ex militar, quien sirvió en la Guerra de Kuwait en el 1990.

Así, después de graduarse de cuarto año y después de pensarlo poco tiempo, Julio Enrique se enlistó en el Ejército en abril de 1997. "Siempre estaba presumiendo de su uniforme", dice Nancy.

Cuando la Guerra estalló en Irak, Julio Enrique partió a esa parte del mundo junto a su unidad en agosto del 2003. A la guerra se fueron con él las fotos de sus 14 sobrinos, de sus cinco hermanos, de sus padres, la bandera de Puerto Rico, y la voz de Daddy Yankee, el rey del reggaetón. "A él le fascinaba el reggaetón, y también la bachata", resalta su hermana.

"En Irak odió el calor", asegura por su parte José. También le molestaba que los iraquíes no entendieran por qué los norteamericanos estaban allí. "Me decía que él los trataba de ayudar, y que algunos se echaban a correr y otros, hasta le escupían en la cara".

Pero eso no lo detenía para reunir a los niños iraquíes dondequiera que iba para regalarles dulces. "Conociendo a Tito, que se quitaba la comida de la boca para dárselo al prójimo, sé que todo lo que me pedía, chicles, galletas, chocolates, mentas era para ellos, para los nenes iraquíes".

Cuando regresó de su primera misión de combate, Julio Enrique habló de lo que vio. "Me dijo que había mucha pobreza, mucho dolor y muertes", señala Nancy.

"Cuando volvió quería retirarse del Ejército... Tito pensaba hacerse policía y vivir aquí conmigo en Broward (al norte de Miami)", cuenta José.

Pero de la noche a la mañana, Julio Enrique cambió de opinión y se ofreció de voluntario para cumplir una segunda misión. Antes de irse, en noviembre de 2004, se casó con su novia Juliana. Porque Julio Enrique, que acababa de cumplir 28 años, volvió a Irak, con la certeza de que sobreviviría a la guerra, y que regresaría a culminar sus sueños. "El se fue para defender a sus compañeros... no quería que ninguno muriera... Y fue él quien murió...", agrega José entristecido.

Y no fue una bala la que lo mató, Tito murió tres meses después de volver al campo de batalla cuando el vehículo militar en donde viajaba chocó y se viró en Bayji, Irak, matándolo al instante.

"Fue un accidente. Pero yo no le echo la culpa a la guerra, porque él estaba muy orgulloso de ser americano y de servir a su patria".

Su entierro, en Fort Lauderdale, en el condado de Broward, fue como él quería: sin flores, sin llanto, sólo con música y sonrisas. "Murió haciendo lo que el amaba tanto hacer", afirma Nancy en un suspiro.

Y se fue a hacer su guerra de agua allá en el cielo.