Al culminar sus estudios secundarios con un aprovechamiento académico de 3.89, el joven yaucano Emmanuel Hernández Cales optó por ingresar al Ejército de Estados Unidos para comenzar la ruta hacia el logro de sus metas.
Sólo encontró lo que menos esperaba: la muerte.
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| Ely Cales junto a su hijo Emmanuel Hernández Cales. (Archivo) |
El miércoles, 8 de junio, Hernández, de 22 años, se convirtió en la baja puertorriqueña número 37 en las guerras que conduce Estados Unidos tras los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001, al morir víctima de un mortero en la localidad de Shkin en Afganistán.
Hernández era, según los que le conocieron, un joven ejemplar, que hace año y medio, cuando comenzó sus estudios en la Universidad Interamericana de San Germán, se unió a la Reserva del Ejército porque ansiaba casarse con su entonces novia, Jessica Oliveras.
Finalmente, Hernández y Oliveras se casaron y entonces el joven decidió ingresar al Ejército activo para posteriormente concluir sus estudios.
El cuerpo de Hernández estuvo en Vicenza, Italia, en la base de la Batería D del Batallón 319 de Artillería del Ejército, al que estaba adscrito Hernández.
Pero en el barrio Almácigo de Yauco, donde residía Hernández, todo eran lágrimas y dolor. Su madre, Eli Cales Cruz, lloraba desconsolada el trágico fin que tuvo su hijo.
"Era bien cariñoso y besucón. A todo el mundo lo besaba en la boca… a su mamá, a su abuela. A su papá lo besaba todavía ya hombre", decía la mujer, que recibió la noticia mientras estaba en su trabajo en San Germán. "Mi único varón, mi único varón. No sé por qué me lo mandaron al frente", expresaba, casi sin aliento Cales Cruz.
La humilde residencia de Cales Cruz está repleta de las medallas y trofeos que el extraordinario desempeño académico de Hernández le había ganado. Justo al lado, sobre una mesa, descansan fotos del joven en su impecable uniforme militar.
Al tiempo en que mordía su labio inferior, Cales Cruz aseguró que no estaba de acuerdo con la decisión de su hijo de meterse al Ejército, "pero tuve que aceptar sus decisiones. Ya él estaba grande y quería volar".
"Este pueblo cada día está peor. Los jóvenes no tienen futuro. Tienen dos caminos: policía o militar. Y es lo mismo porque van a exponer la vida comoquiera", comentó frustrada la madre mientras su esposo, Eugenio Méndez, la observaba.
"Todas la noches le pedía a mi Dios para que me lo cuidara", manifestó Cales Cruz.
Dijo que Emmanuel nunca se mostró interesado en la milicia y lo último que manifestó era que deseaba ser maestro de arte. Pero, según manifestó la mujer, "no consiguió trabajo y quería casarse".
Según la mujer, el joven ingresó al Ejército por las razones que, para ella, lo hacen todos los jóvenes, "que no quieren meterse a la maldita droga, por hacerlo bien y que yo me sintiera más orgullosa de él".
"No sé qué le metieron por la cabeza allí en la universidad porque los van a reclutar allí mismo a la universidad. No se lo pude quitar de la cabeza. No pude, no pude… lo único que pude fue apoyarlo, ¿qué más podía hacer?", dijo mientras las lágrimas continuaban bajando por sus mejillas.
Destacó que dialogó por teléfono con su hijo sólo una semana y media antes de su muerte. En esa ocasión el joven militar estaba contento porque planificaba visitar la Isla en octubre, fecha en la que esperaba celebrar su cumpleaños y asistir a la boda de su hermana mayor, Eleydis Hernández.
Mientras todos lloraban y recordaban a Hernández, Eligia, la hermana de 16 años del difunto, miraba hacia las lomas que dan a la parte de atrás de la residencia y reflexionaba: "Le digo a las personas que tienen gente allá que recen mucho por ellos, porque no saben cuando los pueden perder".
Hernández descargaba material militar de un helicóptero Chinook CH-47 cuando varios morteros le impactaron. El joven murió cuatro horas después, según el informe militar. Otro militar falleció y ocho resultaron heridos.
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