Algunos familiares del soldado Jason Núñez, un paracaidista víctima de un ataque suicida el 25 de marzo de 2007, pudieron reconocer el dolor de las madres iraquíes que también pierden a sus hijos a manos de soldados estadounidenses. Comprenden la devastación que diariamente cobra las vidas de civiles y soldados, e instaron al regreso de todas las tropas desplegadas a lo largo y ancho del campo de batalla.
“Tengo más ira y más coraje cada día que pasa. Le pido a Dios que me quite eso, pero la tristeza que alberga nuestro ser es enorme. Un reclutador le llenó la cabeza con sueños falsos y lloro por las madres de Irak. Cuando pienso en el asesino, sólo me viene a la mente el ejército y el presidente de Estados Unidos. No pienso en los iraquíes porque ese pueblo se está defendiendo de una agresión”, sostuvo Rosin Ríos, tía del soldado caído.
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| En esta foto familiar el soldado Jason Núñez (derecha) junto a sus hermanos. (Lino M. Prieto) |
La maestra de escuela elemental sostuvo que otros de sus familiares comparten su sentir sobre la guerra. Núñez, de 22 años, murió cuando un insurgente se inmoló contra su convoy en la ciudad de Baqubah, Irak.
El soldado llevaba dos años en las fuerzas armadas y le restaban sólo varios meses de servicio.
Durante la despedida del soldado, se le entregaron a la viuda varios homenajes póstumos, entre éstos la Medalla del Corazón Púrpura y la Medalla de Bronce, que se otorga a los militares por su valor en el campo de batalla.
A Núñez le sobrevive su viuda, Nitza Damaris Martínez, y dos hijas, de cuatro y un año. El soldado estaba adscrito a la División 82 Aerotransportada del Ejército, con sede en el Fuerte Bragg, en Carolina del Norte.
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