Lo último que Anthony Palermo escuchó de su hijo -el capitán de la Primera División de Infantería Mecanizada del Ejército de Estados Unidos, Anthony Palermo, hijo - fue que no importara lo que le dijeran, él estaba bien.
Por eso, cuando el militar retirado de la Marina recibió una llamada de su hija Lisanet el viernes, 6 de abril de 2007, en la mañana diciéndole que “Mimo” había muerto en Irak, no le creyó.
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| La muerte del capitán Palermo ocurrió tres días antes de que saliera rumbo a Alemania a reunirse con su esposa. (Suministrada) |
El joven había dejado ese mensaje en la grabadora del teléfono de su padre el jueves “para tranquilizarlo” ya que dos días antes había sufrido una contusión en la cabeza cuando el vehículo en que patrullaba recibió un ataque emboscado.
A Anthony -de 26 años- le ordenaron dos días de descanso antes de volver al escenario de guerra el viernes en la mañana.
A su regreso, encontró la muerte.
“Ese día (el Viernes Santo), a las 7:55 de la mañana, el vehículo en que iba con otros dos soldados al frente de un convoy, pasó por encima de una bomba. Murieron él, el chofer, y el de la ametralladora”, expresó el consternado padre, en entrevista telefónica con El Nuevo Día desde su residencia en California.
La muerte del capitán Palermo ocurrió tres días antes de que saliera rumbo a Alemania a reunirse con su esposa, la también capitana del ejército, Kristen Pine, quien al momento está en ese país esperando el nacimiento del primogénito a fin de este mes. La pareja ya había seleccionado el nombre del bebé: Marcus Anthony.
“Él estudió justicia criminal y estaba feliz con lo que estaba haciendo. Para él era bien importante. Creía mucho en lo que estaba haciendo y tenía una compasión tremenda por los hombres que iban a combate con él”, recordó su padre, al comentar sobre la excelente relación que tenía con los soldados a su cargo.
“En este último año había perdido hombres (soldados) y amigos, y siempre me contaba de las emociones que pasaba. Yo lo apoyaba. Pudimos compartir muchas historias. Yo también estuve en Irak dos veces”, expresó el hombre retirado tras 26 años de servicio en la Marina.
Lisanet, una de las hermanas de Anthony vive en Hawaii; su mamá María Meléndez en Brockton; y su padre en California.
En Puerto Rico también hay luto.
“Él fue el primer hijo, el primer sobrino, el primer nieto. Era el mimado de todos”, comentó su tía Nydia Palermo -residente en Cabo Rojo- al explicar cómo se ganó el apodo familiar de “Mimo”.
La abuela paterna de Anthony, Carmen Pagán, fue quien lo bautizó con ese apodo.
“Era lo más grande de mi vida. Fue mi primer nieto de los 14 que tengo. Era bien cariñoso. No nos veíamos casi, pero de vez en cuando hablábamos. Era bien inteligente, salió de un 'college' para el Ejército, de capitán. Mi hijo también era soldado. Al nene le gustaba tanto lo que hacía el papá que estudió para entrar con un rango grande”, indicó doña Carmen desde su residencia en Cabo Rojo.
Orgullosa de las peripecias militares de su hijo y nieto, nunca pensó en la muerte, hasta esta semana, justo cuando veía por la televisión la noticia de otro soldado puertorriqueño muerto en Irak. “Cogí el retratito que siempre tengo de él, empecé a besarlo y le eché mil bendiciones, intranquila como que algo iba a pasar”, relató.
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