Joel
Pérez Mangual no se crió en Puerto Rico pero su amor
por lo puertorriqueño era más que evidente. Vivía enamorado
de las playas del este, sentía pasión por la salsa y
tenía una monoestrellada colgada en su habitación.
Nació en Río Piedras, pero los primeros dos años los
pasó en Río Grande. El divorcio de sus padres lo llevó
lejos de aquí a esa tierna edad. Fue mudado a Nueva
Jersey junto a su madre, Luisa Mangual y su hermano
mayor, Elvin. Sin embargo, nunca perdió contacto con
su padre, Edwin Pérez y de sus hermanos paternos, Leonardo
y Michael. Se visitaban a menudo y compartían el gusto
por el béisbol. “A él le encantaba venir a Puerto Rico”,
recuerda su padre, quien reside en el barrio Hong Kong
de Río Grande.
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| Edwin Pérez, padre de Joel,
mira una pared llena de fotos familiares, mientras
conversa sobre su hijo. (Lino Prieto) |
Como tantos boricuas que emigran a los Estados Unidos
que aspiran vivir en la tierra que los vio nacer, Joel
-quien comenzó sus estudios secundarios en la escuela
superior Barringer en Newark- regresó a la Isla y terminó
el cuarto año de escuela superior a través de exámenes
libres.
Se enlistó en el Ejército de
Estados Unidos "por carambola", según relata su padre,
un día que ambos viajaban hacia Carolina y en el camino
pasaron frente a una oficina de reclutamiento.
Pérez recuerda que le preguntó
a su hijo si le gustaría formar parte de la fuerza militar
y él contestó que sí. Fue en 1998 y Joel estaba a punto
de cumplir los 20 años cuando comenzó su carrera militar.
"Él quería estudiar, y ahí tendría
estudio y trabajo", afirma el padre.
Mientras Luisa Mangual, su madre,
recuerda que Joel pensaba que el Ejército "era un medio
de ayudar a la familia económicamente".Y es que parte
de las cualidades que distinguieron a Joel desde pequeño
fue su profundo amor y apego a los suyos.
"Era bien cariñoso y atento.
De esas personas que si uno iba caminando con un bolso
en la mano él te lo quitaba para cargarlo", comenta
su madre.
Tan pronto se enlistó, Joel fue
trasladado a una base en Oklahoma. Como infantero, cumplió
un contrato de dos años que renovó inmediatamente, poco
antes de que comenzara el conflicto en Irak. Para ese
entonces se había casado con la joven de origen puertorriqueño
Milagros Pérez, con quien había procreado una niña,
Yarleen.
"Estaba medio triste porque tenía
que irse para Irak y no iba a poder compartir el primer
añito de la nena", dice Mangual. "Lo sentí triste...
asustado", afirma, por su parte, el padre.
Varios días después de arribar
a Irak como parte del 2do. Batallón del 5to. Regimiento
de Artillería del Ejército, con sede en Fort Sill, Oklahoma,
Joel se comunicó con su madre. Le dijo que no podría
hablar mucho con ella, pero contó que las cosas allá
"no estaban buenas".
En Oklahoma, Joel se divertía
jugando pelota, cantando, escribiendo canciones de reggaetón,
escuchando salsa, especialmente de Rey Ruiz, y música
romántica. El eje de su vida era la familia, en especial
su pequeña hija.
La vida en Irak era muy diferente,
muy dura. En los mensajes que Joel enviaba a su padre
contaba sobre "cosas malas, muertes y casas destruidas".
"Él estaba desesperado por regresar
con la familia. Decía que aquello allá estaba malo",
cuenta su madre, quien mantenía comunicación con Joel
a través de internet, mayormente.
La última vez que los familiares
del soldado hablaron con él fue a pocas horas de su
muerte.
Se le había concedido un pase
de dos semanas, que él quería aprovechar al máximo para
disfrutar de la cotidianidad hogareña que tanto extrañaba.
En particular, quería celebrar su tercer aniversario
de boda con su esposa y su pequeña hija de 15 meses
de edad.
"Quería compartir con la familia
lo más que pudiera. Quería que le hicieran su arroz
con gandules, su pernil... Él llamó el día primero de
noviembre y el 2 sucedió lo que sucedió. Le dijo a mi
otro hijo que lo esperara, que iba a llegar para jugar
Nintendo, pelota y basquetbol", dice su madre.
El joven infantero falleció el
día antes de regresar a su hogar, cuando un helicóptero
Chinook que lo trasladaría al él y a decenas de otros
soldados al aeropuerto de Bagdad fue derribado por un
misil. En el accidente también falleció la joven puertorriqueña
Frances M. Benítez Vega.
La noticia del accidente, que
marcó el inicio de una de las semanas de mayor número
de bajas para las tropas estadounidenses desde que comenzó
la guerra, y las fotos de la aeronave destrozada fueron
difundidas sin que se conociera la identidad de los
tripulantes.
El 3 de noviembre, este diario
publicó esa foto en la portada. Pérez leyó la historia
y, según recuerda, sintió una honda pena. "Yo estaba
leyendo el periódico y no sabía que entre esos escombros
estaba mi hijo", narra el hombre, mientras contiene
las lágrimas que se asoman en sus ojos.
Al día siguiente, su ex esposa
le telefoneó para darle la horrible noticia de que su
hijo había muerto. La vida de Joel Pérez Mangual se
apagó a los 25 años.
Hoy sus restos descansan en el
cementerio Arlington en Kearny, Nueva Jersey, lejos
de las playas del este que tanto amó, pero muy cerca
del corazón de sus familiares tanto en Puerto Rico como
en la ciudad que lo vio crecer. |